Junta de Castilla y Leon
Junta de Castilla y Leon


Memoria Histórica

Iglesia de Santa Águeda

FOTOVista general del templo

Vista general del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

A juzgar por el topónimo, el lugar debió ser fundando con un contingente de población vascongada, aunque desconocemos en qué momento. Las primeras noticias son ya bastante tardías y las encontramos entre la documentación del monasterio cisterciense de Santa María de Rioseco. Así la cita más antigua estaría en una carta de apeo sin fecha, aunque se ha datado en el siglo XIII.

 

 

.

FOTOPortada románica

Portada románica

© Fundación Santa María la Real - CER

En ella se delimitan las posesiones monásticas en San Cebrián de Bezana, uno de cuyos linderos se establece "con Cubillos e con Villavascones al camino de las Ollas". A comienzos del siguiente siglo, en un documento fechado en 1317 en el que Lope García, hijo de Pedro Gómez de Porres, cambia unas propiedades con San Salvador de Oña, aparecen como testigos varios clérigos, entre los que figuran "Per Abbat e Martin Abbat de Villa Vascones", que si bien pudieran ser de Villabáscones de Sotoscueva, el hecho de que aparezcan en compañía de otros de Villavés hace pensar en que fueran los curas de Villabáscones de Bezana.
A mediados del siglo XIV la localidad estaba encuadrada en la merindad de Aguilar de Campoo y según el Libro Becerro de las Behetrías "este logar es behetría, e son uasallos de Lope Gargia e de Pero Gómez de Porres, e son naturales los de Porres e Gutierre Pérez de Cuena e Gon". Dice Madoz que en este lugar existió antiguamente un "convento", del que no conocemos, mayores referencias.
Situada en medio del caserío, la pequeña iglesia de Santa Águeda salva la fuerte ladera en que se asienta mediante un alto bancal en el costado norte. Presenta cabecera cuadrada de bóveda estrellada, a cuyo costado norte se adosa la sacristía, dos naves de dos tramos y espadaña en perpendicular al muro sur, a la altura del arco triunfal, alternando la fábrica de sillería arenisca -para la cabecera y espadaña-, con el mampuesto de arenisca y caliza en el resto. En la construcción se aprecian varias fases cuyas cronologías podríamos encuadrar entre los siglos XV y XVIII.

FOTOAlzado del edificio

Alzado del edificio

© Fundación Santa María la Real - CER

Bajo la espadaña se abre una puerta que da paso a un modesto y cerrado pórtico donde se encuentra la portada románica, prácticamente el único elemento del conjunto que podemos considerar dentro de este estilo. Es una pieza muy tosca, hecha en arenisca, a la que la tremenda humedad que afecta al edificio ha dotado de un lúgubre color verdinegro. Se dispone sobre un cuerpo que avanza ligeramente sobre el resto del paramento, rematada por un tejaroz con cornisa achaflanada, sin canecillos, con el arco formado por cuatro arquivoltas de medio punto, todas de suma sencillez y sin decoración, la segunda y la cuarta -de dentro a afuera- cortadas a chaflán, la tercera con arista abocelada y la interior con dovelaje cuadrangular. Los apoyos son simples pilastras escalonadas, aunque la tercera arquivolta descansa sobre toscas columnillas que se disponen en las esquinas de sendas pilastras. La basa del lado derecho ha desaparecido y el capitel parece que nunca se llegó a tallar, mientras que en el izquierdo el basamento tiene dos toros -el interior flanqueado con bolas- con escocia central, fuste monolítico y capitel con dos rudimentarios cuadrúpedos que se afrontan en la esquina-, los cimacios, como las impostas de las pilastras, son de listel y chaflán. Casi inmediatamente encima del tejaroz de la portada aparecen restos del alero románico, con cornisa achaflanada y canecillos de nácela, lo que nos hace pensar que quizá una parte del muro de la nave sur pudiera ser original.
Sin embargo, la portada parece estar claramente remontada, como demostraría la irregular disposición de las dovelas, lo que implicaría entonces que tanto este elemento como los canecillos de nácela fueran simples reutilizaciones. En todo caso la portada creemos que es una obra que se puede encuadrar en los últimos momentos del estilo, posiblemente dentro del primer cuarto del siglo XIII.
En la nave del evangelio, bajo el coro, se halla la pila bautismal, una rara pieza de arenisca, de 63 cm de altura y 87 cm de diámetro, formada por un vaso liso, de paredes ligeramente curvadas, con un rebaje perimetral en la parte superior, dispuesto sobre doble escalón circular. Sin ningún elemento que nos recuerde a cualquier otra pila, de cualquier época, su cronología nos resulta totalmente imposible de situar.

Autor del Texto: Jaime Nuño González

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real