Junta de Castilla y Leon
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Memoria Histórica

Iglesia de San Juan Bautista

FOTOVista general del templo

Vista general del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

La pertenencia de Villavega al Monasterio de Santa María la Real de Aguilar parece justificada en relación con las referencias encontradas entre la documentación. Villavega aparece por primera vez en un documento de 1103, en el que Munia Fortunez realiza una donación al Monasterio.

 

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FOTOPortada del templo

Portada del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

HISTORIA Y DOCUMENTACIÓN
En 1141, el Conde Osorio con su mujer Teresa Fernández dona toda la heredad de Villavega con sus palacios y divisas. En 1222, María Fernández vende propiedades de Villavega al Monasterio, otra venta, la realizó Gonzalo Gutierrez con su hermana Elvira en 1280. Su economía fue predominantemente pastoril-ganadera, en la que el cenobio controlaba importantes montes y pastizales.

ARQUITECTURA
Se trata de una iglesia rural característica del románico palentino. De una nave dividida en cuatro tramos, ábside semicircular precedido por presbiterio rectangular, portada abierta en el muro sur y espadaña a los pies. Está erigida con sillería arenisca de tamaño regular, bien escuadrada y bien dispuesta, observándose que las piedras de mayor grosor se colocan en la parte baja del edificio. En el interior no se aprecia la talla original debido al abujardado de las diferentes intervenciones posteriores.
Un arco triunfal apuntado y doblado se encarga de separar la cabecera de la nave. Se apoya en dos pares de columnas con interesantes capiteles. El hemiciclo de la cabecera presenta bóveda de horno apuntada, en tanto que el presbiterio y la nave se cubren con bóveda de cañón apuntado. Al igual que la iglesia de San Esteban de Lomilla, la cubierta se encuentra sostenida por arcos fajones que reposan en semicolumnas adosadas con sencillos capiteles y basas de sección circular. En alguna ocasión estas medias columnas adosadas se sustituyen por ménsulas. El último tramo de la nave, justamente encima del coro de madera, tiene una cubierta de cañizo a tres vertientes. En el presbiterio se abren sendas puertas románicas. Son de arco apuntado con capiteles decorados sostenidos por columnillas. Una de ellas se encuentra cegada mientras que la otra nos permite acceder a la sacristía.
Al exterior, el ábside se levanta sobre un pequeño podium y presenta una articulación de tres paños muy original a base de columnas geminadas en un piso inferior y de un solo fuste en el piso superior. Como ocurre en la iglesia de Gama, en el espacio central se abre un vano que es ocultado por un contrafuerte macizo de cronología posterior. Este contrafuerte central junto con los otros dos que se adosan a ambos lados del semicírculo absidal sirven para reforzar la edificación. Una hilera de canecillos decora el alero del ábside y una moldura lo recorre a la altura del arranque de las ventanas.
El acceso al templo se realiza desde una portada románica, correspondiéndose con el tercer tramo del interior de la nave. Aparece protegida por un atrio moderno. Es de arco apuntado, tiene cinco arquivoltas que se apoyan sobre capiteles decorados.
En altura destaca la espadaña románica que arranca en el hastial. Está configurada en tres niveles con imposta lisa en el cambio de cuerpo. El tramo inferior es totalmente macizo, a excepción de un vano rectangular y estrecho. El tramo intermedio alberga las campanas en dos aberturas de medio punto y el tramo superior tiene el característico remate a piñón.
La fisonomía original del edificio, a pesar de las ampliaciones y modificaciones que sufren las iglesias románicas a través de los siglos, se nos presenta bastante completa. La fase constructiva dominante en el templo es claramente románica tardía -de transición entre el siglo XII y el XIII- en la que se asienta la nave, ábside, portada y dos ventanas. De idéntico momento parece ser la espadaña. Esta delimitación cronológica que hacemos del edificio no debe pasar por alto algunas reformas y añadidos posteriores: el atrio, cuyas paredes laterales son con seguridad posteriores al cierre de éste; sacristía construida en torno al siglo XVII-XVIII, la gran mayoría de los contrafuertes, el cierre del campanario y el baptisterio.

 

FOTOPila Bautismal

Pila Bautismal

© Fundación Santa María la Real - CER

ESCULTURA
En su interior la decoración escultórica románica se centra en los capiteles del arco triunfal, en las dos arcadas del presbiterio, en el vano absidal y en los capiteles y ménsulas de los arcos fajones.
El arco triunfal apuntado descansa sobre columnas geminadas cuyos capiteles representan dos grifos afrontados, muy similares a los de la iglesia de Santa María de Villacantid, en Santander, con la que tiene enormes semejanzas. El otro capitel representa una escena de lucha y mediación. En el centro, entre los dos jinetes, aparece de pie la figura del mediador sujetando las riendas de los caballos. Los caballeros, con cota de malla y yelmos puntiagudos, cruzan sus armas: el de la izquierda, ha dado con su lanza, en el escudo de tipo normando que protege a su enemigo, quien parece afectado por el golpe. Los caballos están captados en el momento del salto. Para García Guinea la figura mediadora es un ángel. El trasdós del arco orientado a la nave está decorado con un dentado andresino semejante al de la segunda arquivolta de la portada.
La ornamentación de las arquerías del presbiterio se concentra en sus capiteles. La arcada que permite el paso a la sacristía tiene decorados sus dos capiteles con motivos vegetales (el izquierdo provisto de cuatro niveles de caulículos). La portada cegada, al otro lado del presbiterio, presenta en sus capiteles escenas con leones vueltos y afrontados, con un fondo vegetal.
El único vano románico del ábside cegado y sin abocinar, se encuentra situado en el centro de la cabecera. Las columnillas se apoyan en basas de talla irregular cuya forma recuerdan las de Villanueva de Pisuerga y Villacantid. Sus capiteles representan motivos vegetales, hojas esquemáticas y piñas respectivamente. Dos impostas con decoración de rombos recorren el semicírculo absidal.
El resto de la escultura que aparece en el interior del templo, se centra en los capiteles y ménsulas de los arcos fajones de la nave. Sus escenas representan motivos vegetales muy simples y un centauro sobre fondo vegetal de cronología gótica.
El máximo interés artístico del exterior del templo se localiza en el ábside y en la portada. El ábside cuyo tambor se articula en tres paños delimitados por dos originales contrafuertes románicos. Los capiteles inferiores se apoyan en las columnas geminadas representando animales afrontados, en uno, y la cacería de un oso o la lucha entre un hombre y un animal, en el otro. Según García Guinea es probable que represente, como en Villacantid (Cantabria), la caza del oso. Estas escenas de caza pudieran concebirse con sentido simbólico, de lucha contra el pecado. Este tema, que ya aparecía en la iconografía tardorromana, se dará en buen número de ejemplos de época románica: Zillis, Saulieu, Benavente o Jaramillo de la Fuente.

 

FOTOAlzado del edificio

Alzado del edificio

© Fundación Santa María la Real - CER

Los capiteles superiores representan una gran cabeza de león tragándose la columna (recuerda directamente al glouton del atrio de Rebolledo de la Torre) y una lucha ecuestre de caballeros. Ambos enlazan con la cornisa de rombos que recorre el perímetro exterior del ábside. Una hilera de canecillos decora la cornisa de la nave (en forma de nacela) y del ábside. En estos últimos se representa un lector y un ave con una serpiente que se enrosca en su cuello, piezas que permiten filiar bien la escultura de Villavega con el atrio de la citada iglesia de Rebolledo de la Torre, el resto son de simple proa de nave.
La portada, de cronología posterior que el ábside, se organiza en torno a un arco apuntado, alrededor del cual se disponen cinco arquivoltas decoradas. La primera arquivolta está ornamentada con dientes de sierra entre los que se albergan figurillas humanas, animales y motivos vegetales, al estilo de la portada de San Andrés de Aguilar. La segunda tiene el mismo dentado aunque la decoración sólo aparece en dos huecos. El resto de arquivoltas alternan boceles y medias cañas. Todas ellas apean sobre cuatro pares de columnas acodilladas que carecen de basas y descansan en un plinto. Sus capiteles son muy toscos, con decoración vegetal, excepto en dos cestas que representan una especie de aves y caballos afrontados. Estos motivos vegetales también aparecen en los capiteles del vano románico abierto al exterior de la nave.
Tanto los prototipos vegetales como los chevrons, inspirados en modelos andresinos, han llegado a la iglesia de San Juan Bautista de manos de un escultor poco hábil como resultado de una evidente simplificación de modelos.

PILA BAUTISMAL

En el baptisterio se encuentra la pila bautismal románica de la iglesia. Está formada por dos cuerpos, trabajados en piedra arenisca. El superior es cilíndrico y está decorado con bandas verticales que presentan dos círculos de hojas cuatrifolias inscritas en círculos. El inferior es troncocónico invertido y carece de decoración. García Guinea señalaba cierto parecido con la pila de San Miguel de Brañosera.

IMAGINERÍA

El retablo mayor que debía ocupar el ábside desapareció no hace muchos años. De este únicamente se conserva el sagrario flanqueado por columnas salomónicas que es utilizado como pedestal de la imagen de la Virgen del Amparo, del siglo XVIII. Entre la imaginería destaca un San Juan Bautista y un San Antonio en madera policromada del siglo XVI-XVII.

Autor del Texto: Emilio José Rodríguez Pajares

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real