Junta de Castilla y Leon
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Memoria Histórica

Iglesia de Santiago

FOTOVista general del templo

Vista general del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

A unos 300 mts. al sur del pueblo se emplaza un conjunto rupestre, posiblemente cenobítico, constituido por una gran cavidad artificial conocida como El Cuevatón y una serie de cuevas y abrigos excavados alrededor, que han proporcionado restos cerámicos altomedievales (siglos VIII-IX).
 Consta que en el siglo X (año 981) un presbítero de nombre Froila donaba al cenobio de Santa María de Piasca tres tierras y un pomar en términos de Cezura. El Becerro de las Behetrías nos informa por su parte que el lugar de Sesura era abadengo del abad de Villamediana. Actualmente la localidad se encuentra en trance de abandono.

FOTOVista interior

Vista interior

© Fundación Santa María la Real - CER

ARQUITECTURA:
 El templo de Santiago Apóstol de Cezura es el resultado de al menos tres campañas constructivas, de las cuales dos entran en el periodo medieval, apareciendo muy alterada la estructura original de la iglesia tardorrománica.
 En la actualidad cerrado al culto, se presenta como un edificio de dos naves de igual longitud, torre a los pies y pórtico adosado al sur. De la primitiva construcción románica subsiste el ábside rectangular, cubierto con bóveda de cañón apuntado, construido en excelente sillería arenisca. Esta cabecera remataría una nave única, a la cual se añadió una colateral al norte en época imprecisa pero probablemente bajomedieval. Ésta segunda nave repite la estructura y aparejo de la románica, con una cabecera similar a la otra, el mismo tipo de cubierta -bóveda de cañón apuntado- y nave algo más ancha que la románica. Posteriormente se cerró la cabecera dándole función de sacristía y acceso desde el ábside, quedando la nave como gran trastero. Atestiguan la cronología medieval de esta colateral los canes con perfil de proa de nave del muro septentrional y la bóveda de cañón de la cabecera. La distinción de campañas medievales se evidencia en la ruptura de hiladas entre los testeros de los ábsides y en la reutilización de canes y sillares románicos en el muro norte del de la epístola.
 En la segunda mitad del siglo XVI, una tercera campaña constructiva alteró las cubiertas de las naves, abovedándolas, y añadiendo al sur un amplio pórtico rectangular cubierto a un agua y abierto a la nave, estructura que supuso la eliminación de la portada románica, presumiblemente abierta en este sector y de la que no queda resto alguno. El acceso a éste pórtico se realiza a través de una bella portada renacentista compuesta de arco de medio punto, tres arquivoltas, la externa decorada con casetones con flores y putti, y enmarcada por entablamento y dos columnas toscanas de fuste estriado. Repite un esquema similar al visto en las portadas del palacio del marqués de Villatorre de Aguilar, portada de La Asunción de Barrio de Santa María, etc. A esta misma campaña podemos adjudicar la erección de la irregular torre rectangular con acceso exterior que se alza a los pies de la nave románica aprovechando en su lienzo oriental una espadaña anterior, así como el nicho de la parte occidental del pórtico -que albergaba la pila bautismal-, el retablo de fábrica que corona esta misma estructura y la columna toscana adyacente.
 La cabecera tardorrománica es, como dijimos, el vestigio arquitectónico que menos alteraciones ha sufrido, si exceptuamos la capilla adosada al norte a la que hicimos anteriormente referencia. Exteriormente la cornisa es soportada por una serie de modillones románicos esculpidos. En el eje del testero se abría una ventana hoy cegada, compuesta por arco de medio punto y chambrana que apoyan sobre cimacios y columnas de capiteles figurados. Al interior, totalmente encalado, la bóveda de cañón apuntado arranca de una imposta con perfil de nacela, aunque el elemento más interesante lo constituye el arco triunfal, apuntado y doblado, que reposa sobre una pareja de dobles columnas de capiteles dobles historiados. La solución de dobles columnas en el triunfal sigue el modelo establecido en la iglesia del monasterio de Aguilar, modelo repetido igualmente en el triunfal de la parroquial de Revilla de Collazos. Aquí las columnas se yerquen sobre zócalos y plintos y presentan basas de perfil ático degenerado, con prominente toro inferior con bolas. Los fustes son monolíticos y coronan los capiteles cimacios igualmente decorados.
 La adición de la colateral al norte supuso el traslado de los canes del muro norte de la cabecera, reutilizados en la nueva estructura. En el muro meridional de la capilla se abre una saetera románica.

FOTOTestero del ábside

Testero del ábside

© Fundación Santa María la Real - CER

ESCULTURA:
 La escultura monumental del edificio se concentra, como ya señalamos, en la cabecera. Exteriormente podemos observar la ventana absidal, compuesta de un arco de perfil abiselado compuesto por cinco dovelas, decoradas, cada una de ellas, con motivos muy deteriorados salvo uno, que representa un tosco batracio. La chambrana recibe un friso de rosetas y los cimacios respectivamente decoración vegetal de hojitas inscritas en un tallo serpenteante y friso de palmetas. Los capiteles de ventana, muy erosionados, se decoran, el izquierdo con una pareja de grifos entre follaje y el otro con dos leones lamiendo los pies de un muy perdido personajillo central, posible representación del tema de Daniel en la fosa de los leones. Entre los fustes se advierte la rosca del arco, desplazada y decorado su borde con una fina banda perlada.

 La serie de canecillos que soportan la cornisa se compone de 19 piezas, nueve en el muro meridional, que representan a un arpista similar al que aparece en un capitel de la portada de Moarves de Ojeda, una bella danzarina-contorsionista de idéntica progenie, un león rampante, un personaje femenino con una serpiente, otro masculino acuclillado y levantando impúdicamente su vestimenta, un varón vestido con túnica, una pareja de peces, un arquero y un ave. La cornisa se decora con dos hileras de billetes, excepto el tramo más oriental -posiblemente desplazado-, que recibe un reticulado. En el muro septentrional de la capilla adosada a la cabecera se reutilizan los otros nueve canecillos correspondientes al muro norte de la cabecera. Dos presentan perfil de nacela, otro recibe dos rollos y el resto son figurados: uno con una cabeza barbada, otro con una esfinge masculina de cuerpo y crines de león y cabeza barbada. Les siguen una mujer vestida con túnica con ceñidor de pliegues horizontales paralelos y brazos en jarras sobre fondo de hojas, un personaje alado muy deteriorado, otro can irreconocible por su lamentable estado y otro con motivos geométricos y una cuadripétala inscrita en un círculo.

 Por lo que respecta a la decoración de las dobles columnas que soportan el triunfal, en las basas del lado de la epístola se afrontan dos toscos leones de cuellos vueltos que muerden el toro superior, mientras que entre los toros superiores de las otras se esculpió una cabecita.
 En la pareja de capiteles se concentra el mayor interés iconográfico de la escultura de la iglesia. En el capitel del lado del evangelio se desarrolla el combate de dos jinetes cuyo enfrentamiento es detenido por una dama mediadora central, ricamente vestida con túnica, manto y tocado, que sujeta las riendas de las monturas. Los caballeros visten cota de mallas con capucha, asiendo las riendas con la mano interna mientras desenvainan sus espadas con la otra, el conjunto de la escena desarrollándose sobre un fondo vegetal de palmetas y caulículos en los cuernos del ábaco. Esta escena de mediación se interpreta como reflejo de las instituciones medievales de la Paz y la Tregua de Dios y ejemplifica el papel mediador de la Iglesia en los asuntos terrenales. El tema, presente en otros edificios de la región norte de Palencia y Burgos como Gama, Revilla de Collazos o Boada de Villadiego, encuentra el paralelo más directo, incluso estilísticamente, en un capitel del triunfal de Villavega de Aguilar. El prominente cimacio se decora con hojas y tallos entre los que vemos una escena de caza: un hombrecillo, situado en la esquina izquierda, blande su lanza contra un jabalí.
 El capitel frontero muestra una de las escenas recurrentes en el románico palentino: el personaje -tradicionalmente interpretado como Sansón- que cabalga y desquijara a un león. Luce Sansón barba corta, larga melena suelta y manto ondeante. Como en otros casos palentinos, a esta escena central acompañan en las caras cortas de la cesta enigmáticos personajes de rasgos idénticos al citado. El de la cara oeste sujeta con su diestra la cola del animal mientras que con la otra hace gesto de cortarla con la ayuda de un cuchillo curvo o pequeña hoz. En la cara que mira al altar aparece Sansón con una especie de quijada o tranca. La disposición de las escenas y actitudes de los personajes emparenta iconográficamente este capitel con los ejemplares de Prádanos de Ojeda, Santa Eufemia de Cozuelos, Monasterio de Aguilar (hoy en el M.A.N.), Rebolledo de la Torre, Dehesa de Romanos o Vallespinoso de Aguilar. El cimacio se decora con un friso de tallos entrelazados acogiendo hojas carnosas, un león rampante y una mujer mesándose su larga melena partida contra la que dispara un arquero, esquema decorativo éste similar al visto en cimacios de Santiago de Carrión o Santa María de Piasca.

 

FOTOEscaleras de acceso y Portada

Escaleras de acceso y Portada

© Fundación Santa María la Real - CER

 El análisis estilístico de los relieves citados evidencia el trabajo de al menos dos escultores. El primero y mejor dotado es el responsable de los dos canecillos más occidentales del muro meridional de la cabecera, representaciones de un músico y una danzarina. El estilo y la disposición de los personajes es cuidado y, pese a al erosión, se adivina un cincel muy cercano al del maestro que labró la portada de San Juan Bautista de Moarves de Ojeda. El arpista del can de Cezura y la danzarina-contorsionista manifiestan un refinamiento, un gusto por el detalle (notable en el caso de los pliegues paralelos de la vestimenta y los puntos de trépano del ceñidor de la danzarina) y una adaptación al marco de las que carecen el resto de los canecillos. Son éstos más toscos en su ejecución, evidenciando desproporciones de canon y abuso de estereotipos similares a los que volvemos a encontrar en los capiteles del interior. En éstos, el artista -cercano como señalamos al de los capiteles de Villavega de Aguilar- siguió modelos, iconográficos y compositivos, ya establecidos en edificios mayores como el monasterio de Aguilar (caso del Sansón), Cozuelos y Rebolledo de la Torre ya comunes al ambiente de los talleres que trabajan en los años finales del siglo XII y primeros del XIII, marco cronológico en el que se inscriben las obras que nos ocupan.

PILA BAUTISMAL:
 En el fondo de la colateral norte, actualmente trastero, se ubica la pila bautismal, anteriormente colocada en un nicho del pórtico renacentista. Su copa tiene forma troncocónica invertida, de 1,30 mts. de diámetro por 0,7 mts. de altura y no presenta decoración alguna. Se alza sobre un pie circular de 0,4 mts de altura. Su cronología es imprecisa dada la ausencia de elementos decorativos.


Autor del Texto: José Manuel Rodríguez Montañés

Enciclopedia del Románico - Fundación Santa María la Real

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