Junta de Castilla y Leon
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Memoria Histórica

Iglesia de San Julián y Santa Basilisa

FOTOVista general del templo

Vista general del templo

© Fundación Santa María la Real - CER

La constitución del núcleo parece remontarse al último tercio del siglo XII, siendo la inscripción grabada en la ventana occidental de la galería la que nos proporciona los datos más precisos. La primera posible referencia a Rebolledo aparece recogida en el documento fundacional de San Salvador de Oña, del 12 de febrero de 1011.

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FOTOVentana Ajimezada

Ventana Ajimezada

© Fundación Santa María la Real - CER

La localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre, debe su nombre a la asociación de la vegetación dominante, el rebollar, con la alusión a la torre que recorta la silueta del caserío. El templo, junto a la arruinada aunque bien conservada torre y la cercana casa tardogótica del sacerdote, hacen de Rebolledo uno de los rincones burgaleses donde más atractivo y presente se hace nuestro pasado medieval.

La construcción del núcleo parece remontarse al último tercio del siglo XII, siendo la inscripción grabada en la ventana occidental de la galería la que nos proporciona los datos más precisos.

Se sitúa la iglesia de San Julián y Santa Basilisa en el extremo septentrional del pueblo, en un punto elevado sobre el caserío. Situada junto a la gran torre medieval, hoy semiderruída y a la tardogótica casa del sacerdote. Es un edificio levantado en irregular sillería arenisca y caliza, de planta cuadrada, con dos naves y una sola cabecera cuadrangular situada en el extremo de la nave principal. En el muro Sur se abre un magnífico pórtico, sin duda la parte más interesante del conjunto

Ésta galería, formada por diez arcos de medio punto y una portada abocinada, es uno de los pocos elementos románicos que se conservan en el edificio. Los arcos, se apoyan sobre una serie de sensacionales capiteles historiados cuya talla, junto a la de los canecillos, la cornisa que soportan estos, los capiteles que también soportan esta cornisa y los que flanquean la portada, se atribuyen al taller de un tal Juan de Piasca, cuya firma aparece en un epígrafe de la también interesante ventana occidental que se abre en el claustro. La fecha de terminación del pórtico, según el mismo epígrafe sería “en la era 1224, en el señalado día nono de las calendas de diciembre”. Esto es, el 22 de diciembre de 1186.

Resulta llamativo, que un escultor medieval firme su obra, pues es una época en la que la posición social de un cantero era similar a la de otros artesanos como panaderos, espaderos, zapateros, pergamineros o cereros. Por ello hay que pensar que en realidad este tal Juan de Piasca, no tuvo por qué ser el ejecutor material de la obra. Como dice José Luis Hernando Garrido, nuestro hombre pudo dedicarse a varias cosas y por ello figura su nombre. Por un lado pudo ser el “magíster operis”, esto es el maestro fabriquero, un contable encargado de velar por los miles de maravedíes que debió costar esta obra, recaudando limosnas, donaciones y pechos para hacer frente a los pagos de los canteros y los gastos de material. No es la primera vez que el cargo de maestro recae sobre un contable. Otra opción es que este maestro Juan de Piasca haya sido algo así como un contratista que hubiera formado una cuadrilla de canteros con gran movilidad geográfica, lo que explica las similitudes de estos relieves con los de otras zonas, como por ejemplo en Santa María de Piasca o las Henestrosas. Claro está que siempre quedará la opción de que el maestro haya sido el responsable último de labra de este pórtico, con ayuda de algún taller, aunque como hemos dicho, el estatus de un escultor en esta época no pasaba de simple artesano, sin categoría de artista que hubiera favorecido el que firmase su obra.

Seguimos citando a José Luis Hernando Garrido al hablar de otro de los protagonistas del epígrafe, Gonzalo Peláez, de quien era behetría el pueblo. Behetría, es un término que hace referencia a una  población cuyos vecinos, como dueños absolutos de ella, podían recibir por señor a quien quisiesen. Este tal Peláez, era un hombre de behetría, una categoría social que surgió en la Castilla medieval entre el campesinado libre y el dependiente. El labrador de behetría entregaba a un noble parte de sus propiedades o pagaban un gravamen monetario en concepto de protección. Era un régimen de señorío atenuado muy utilizado en época de repoblación, pues la behetría podía cambiar de señor sin mayores problemas. Pero con el paso del tiempo la presión señorial se fue haciendo cada vez más fuerte.

No debemos olvidar que estamos ante una época en la que la falta de documentos era algo habitual, por lo que con las pistas que tenemos, no podemos dar nada por seguro.

El pórtico, como hemos dicho, se compone de diez arcadas de medio punto, con una portada abocinada descentrada respecto del eje. Soportan la arquería trece capiteles, cuatro al este de la portada, cinco en el primer tramo del conjunto occidental y otros cuatro en el extremo. 

FOTODetalle del Pórtico

Detalle del Pórtico

© Fundación Santa María la Real - CER

Comenzando la descripción por el lado izquierdo del espectador, el primer capitel, así como el segundo, son vegetales. El tercer capitel es una representación del pecado y castigo de la avaricia. La lectura se inicia por la cara occidental, donde aparece el avaro, representado como un hombre desnudo, barbado, de larga cabellera y con una bolsa llena de monedas colgando de su cuello, que alza los brazos hacia la figura del demonio que inspira su pecado. A la figuración del pecado de la avaricia, se corresponde su castigo, representado en el otro frente del capitel. Vemos la muerte del avariento, tumbado en un lecho cubierto por pesados ropajes de pliegues paralelos de los cuales sólo sobresale la cabeza y el brazo derecho, que reposa sobre su pecho. En la cabecera de la cama aparece su esposa, arañándose el rostro en el convencional gesto de dolor. El avaro acaba de fallecer, como lo atestiguan sus ojos cerrados, y su alma escapa del cuerpo por su boca. Pero en esta maligna traslatio animæ es encadenada por un león barbudo que aparece en la parte superior izquierda de la cesta, mientras un fracturado demonio le agarra por el brazo. Otros tres leones de aspecto amenazador yacen a los pies del lecho, asiendo sus patas con las garras.

El cuarto capitel muestra dos parejas de grifos rampantes afrontados y entrelazados por una banda de cuentas, con sus cuellos vueltos devorando las granas que surgen de los tallos que los envuelven. En las esquinas se disponen caulículos y el cimacio se decora con un friso de aves. En el siguiente capitel, que apoya sobre doble columna, se desarrolla una Psicostasis, con San Miguel ante la presencia del demonio, dotado de una extraña cabellera llameante. Pese al deterioro, reconocemos a un personaje, desnudo y cabeza abajo, que sostiene desde lo alto del capitel la balanza, mientras a ambos lados de ella asisten al pesaje de las almas un sereno San Miguel y el gesticulante demonio. Sobre el platillo más próximo al arcángel aparece un alma, representada como un personaje desnudo, al que el demonio intenta hacer caer de su lado. En la parte superior izquierda, un alma, ya juzgada, atiende a su ingreso en el Paraíso. Iconográficamente, esta representación condensada del juicio actúa como extensión y contrapeso del mensaje enunciado en el castigo del avaro.

Los dos capiteles siguientes, ambos sobre fustes únicos, presentan similar decoración vegetal. La columna que soporta los arcos sexto y séptimo recibe un fuste entorchado, ornándose el capitel con una máscara monstruosa. El capitel previo a la portada muestra una cesta vegetal decorada con recortados acantos muy estilizados, de puntas acusadas y acabadas en espiral, sobre las que campean hojitas de puntas vueltas y caulículos en los ángulos. Tanto la abiselada talla de las superficies como los anchos nervios centrales calados relacionan esta cesta con los acantos de la portada occidental de Santa María de Piasca, repitiéndose el esquema de Rebolledo en buena parte de los edificios palentinos anteriormente citados.

El capitel siguiente a la portada es uno de los más famosos del conjunto del pórtico y representa el combate de dos jinetes; ambos caballeros portan cota de malla, yelmo y escudo, de cometa en el caso del derecho y rodela decorada con florón y festones el otro. Se enfrentan ambos jinetes en el momento culminante del combate, y así vemos cómo el caballero de la izquierda introduce su lanza en la visera del yelmo de su contrincante, que ha perdido su lanza y cuyo caballo acusa el empuje del ataque. Se ha querido identificar al jinete del escudo almendrado con el caballero cristiano vencedor del musulmán como reflejo del combate moral del milites Christi frente al pecado. El capitel siguiente presenta en un ángulo a un guerrero vestido con cota de malla y casco, blandiendo su espada contra una serpiente alada con cuerpo de reptil mordiendo el escudo. En el penúltimo capitel se representa una lucha de animales, algunos de ellos fantásticos. Y llegamos así a la última de las cestas de la galería, en la que se representa el tema de Sansón desquijarando al león (Jueces, 14, 5-6). En su frente aparece el héroe de Israel con su larga melena recogida por una cinta y el manto flotando paralelo a la cabellera. Aparece cabalgando a la fiera, abriendo sus fauces con las manos introducidas en la boca del animal.

FOTOInterior  -  Púlpito

Interior - Púlpito

© Fundación Santa María la Real - CER

En cuanto a los canecillos, presentan especial interés los siete que se sitúan en el antecuerpo de la portada, todos figurados salvo el central y que representan, de izquierda a derecha: un personaje sentado con un libro sobre sus rodillas, dos arpías encapuchadas, un acanto estilizado y dos músicos, uno tocando la viola de arco y el otro un arpa-salterio. Entre ellos vemos una figura femenina de llameantes cabellos que, en actitud de danza, realiza una acrobática contorsión.

 La portada que abre el pórtico esta descentrada respecto del eje horizontal y se abre en un antecuerpo. Está compuesta por un arco apuntado de dovelas lisas, sobre el que se abren dos arquivoltas igualmente apuntadas decoradas. Las arquivoltas descansan sobre capiteles decorados.

En el muro Oeste, iluminando el pórtico se abre una estrecha ventana abocinada hacia el interior y profusamente decorada tanto exterior como interiormente. Pero es totalmente diferente según desde donde se observe este elemento. Hacia el exterior aparece como un estrecho vano, partido por un fino parteluz, una columnilla de fuste monolítico, con basa simple y rematada por un pequeño capitel que engola la columnilla, pues es una cabeza monstruosa de cuya boca sale este parteluz. Esta cabeza tiene unas orejas que se prolongan por encima llegando a la rosca inferior del doble arco que forma la ventana. En esta pieza, con decoración vegetal, se sitúa la inscripción en la que se habla del abad Domingo, de Juan de Piasca y de Gonzalo Peláez y de la fecha de realización del pórtico. 

La portada de acceso al edificio, se abre en un ligero antecuerpo y es también de factura románica, aunque más toscamente labrada y rehecha casi en su totalidad. Es una puerta que se abre sobre un arco de medio punto, sobre el que se colocan dos arquivoltas.

La pila aparece datada en el año 1195 por una inscripción desplegada sobre la embocadura, en la que leemos: "SUB ERA MCCXXXIII DOMINICVS ABAS EMI(T?)…". Sobre la misma superficie corre otro texto, en caracteres muy borrosos pero también medievales, que reza: "ERA … MCCC FVIT …C…". Ignoramos a qué se refiere este epígrafe, que proporciona la fecha de 1262.
Aparte la riquísima escultura del pórtico, merece destacarse la presencia en la capilla mayor de un sepulcro tardogótico bajo un arcosolio del lado del evangelio, de cuidada factura y datado a inicios del siglo XVI. El yacente aparece vestido con atuendo eclesiástico y presenta el habitual can a los pies. En el frente del sarcófago se grabó un epitafio en caracteres góticos que dice: "AQUI YAZE EL HONRADO IV° FRS~ CVRA DESTA YGLESIA E ABAT DE SANTA LVZYA E MORIO ANO DE MIL DXXIIII" [1524]. Bajo este texto, en una cartela sustentada por dos ángeles, leemos: "E HIZO ESTA CAPILLA E DEXO UNA MISA PERPETUA DE N(UES)TRA SEÑORA ET DEXO TRESE AROBAS E MEDIA DE TRIGO POR LA DIEZMA MISA QUE SE A DE DECIR CADA SABADO".

Texto: Alvaro Tovar  -  José Luis Hernando Garrido

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